La última herida sigue abierta y así permanecerá, ya no preocupa si sanará, el dolor no importa, la sensibilidad se perdió, no se en que punto se quebró la línea, empuja lo que se cedió y no renuncies al corazón, debajo de la razón yacen los verdaderos motivos, tan falsos, tan reales.
Desde aquel día los pasos son torpes y lentos, la imaginación denuncia 7,000 palabras que hoy ya no se pronuncian y que solo viven en una serena alberca.
Frente a mi altar confesaré los buenos días, el fantasma de la realidad persigue cada sensación y descubre mis errores, presiona mi cerebro y cautiva mi escape, los santos pierden su valor, alguien suplica y no es atendido, la certidumbre llama al teléfono y nadie responde.
He de obtener, tal vez, lo que no deseo y que ahora me ahoga, caer si fe y evitar ser presa de un llamativo final.
Algún día tendré la imitación de un santo…
Daniel Ríos
Desde aquel día los pasos son torpes y lentos, la imaginación denuncia 7,000 palabras que hoy ya no se pronuncian y que solo viven en una serena alberca.
Frente a mi altar confesaré los buenos días, el fantasma de la realidad persigue cada sensación y descubre mis errores, presiona mi cerebro y cautiva mi escape, los santos pierden su valor, alguien suplica y no es atendido, la certidumbre llama al teléfono y nadie responde.
He de obtener, tal vez, lo que no deseo y que ahora me ahoga, caer si fe y evitar ser presa de un llamativo final.
Algún día tendré la imitación de un santo…
Daniel Ríos
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