domingo, 29 de agosto de 2010

Mil horas que parecían nunca terminar

Cerré la puerta, a lo lejos te vi caminar fuera de mí... Espero jamás volver a saber de ti.
Daniel Ríos

miércoles, 18 de agosto de 2010

Un día sin esperar

Es la brisa que despide el brillo de mi densa calma aún cuando el día es gris; lo que me hace sentir importante aún cuando no soy nadie que puedan recordar, a quien puedan acudir.
Hay un camino que luce cruel, no hay caminante que lo vea y sienta la vida huir;
es una vereda que no tiene fin; que nunca tendrá primicia de surgir, aún cuando la vida siga siendo gris.
Hay mil razones para dormir en las olas de un plácido mar; sin soñar y sin despertar, es sólo un motivo que hace recapacitar y añorar el alma en la ciudad.
Las puertas arden en aquel lejano lugar; en aquella abatida alma que desea escapar, es sin duda la ventana que no se abrirá.

Hay un tren en la estación; no partirá si el fin del día se acerca, si el fin de la noche empieza.
Son viajeros que no olvidan, si hay que recordar ellos en su cara lo grabarán y no habrá culpas sin dueño, no habrá viaje que recordar.
Hay células en la piel, figuras caen y no hay sentir de nadie en el viejo tren; no hay boleto para llegar, no habrá arribo de alguien que no esperan en ningún lugar.
La sombra acaricia la oscuridad que sobra del corazón; es la pena amarga que duele sin dolor, que ríe sin gracia en el fondo de un inmenso mar; que guarda tranquilos secretos que nadie escuchará.

Daniel Ríos