miércoles, 18 de agosto de 2010

Un día sin esperar

Es la brisa que despide el brillo de mi densa calma aún cuando el día es gris; lo que me hace sentir importante aún cuando no soy nadie que puedan recordar, a quien puedan acudir.
Hay un camino que luce cruel, no hay caminante que lo vea y sienta la vida huir;
es una vereda que no tiene fin; que nunca tendrá primicia de surgir, aún cuando la vida siga siendo gris.
Hay mil razones para dormir en las olas de un plácido mar; sin soñar y sin despertar, es sólo un motivo que hace recapacitar y añorar el alma en la ciudad.
Las puertas arden en aquel lejano lugar; en aquella abatida alma que desea escapar, es sin duda la ventana que no se abrirá.

Hay un tren en la estación; no partirá si el fin del día se acerca, si el fin de la noche empieza.
Son viajeros que no olvidan, si hay que recordar ellos en su cara lo grabarán y no habrá culpas sin dueño, no habrá viaje que recordar.
Hay células en la piel, figuras caen y no hay sentir de nadie en el viejo tren; no hay boleto para llegar, no habrá arribo de alguien que no esperan en ningún lugar.
La sombra acaricia la oscuridad que sobra del corazón; es la pena amarga que duele sin dolor, que ríe sin gracia en el fondo de un inmenso mar; que guarda tranquilos secretos que nadie escuchará.

Daniel Ríos

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