Con la luna sobre sus hombros, sus manos acarician su resquebrajado cabello, su mirada, apunta donde el viento una vez nació, aquel lugar donde un día caminó lejos, donde un día vació su amargo corazón.
Ya no hay sol que brille en ella, este camino la conduce hasta el abismo, sin retorno, sin salida, una vez fue su lugar, con las manos rotas, con las uñas en la bolsa, la noche muere, y sin ella, no es lo mismo.
Honesta como la brújula, lado a lado mañana aparecerá la verdad, sin herir, sin lastimar, un desahogo morirá, ignora el cielo mojar, con culpa olvida lo que salió mal, con vino las cicatrices del destino un día desaparecerán.
La angustia nunca se fue, apenas su novela terminó y el amargo adiós se escuchó, sin luchar, sin lágrimas que derramar, ella de aquí partió, sin fuego su alma se marchitó, el destino nunca olvidó lo ajeno que fue el dolor.
El día y la noche sincronizan sus pasos, el polvo ya no cubre a nadie, ya no confunde como antes, las cenizas recorren el tiempo sin desvanecerse, la última lágrima se confunde en el río de la eternidad, sin olvidar la amarga necesidad de llorar un día más.
Daniel Ríos
El día y la noche sincronizan sus pasos, el polvo ya no cubre a nadie, ya no confunde como antes, las cenizas recorren el tiempo sin desvanecerse, la última lágrima se confunde en el río de la eternidad, sin olvidar la amarga necesidad de llorar un día más.
Daniel Ríos
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