Se lo pregunté mil veces, mismas que bajó la mirada, nunca aparentó dolor, jamás lloró cuando estuvo aquí. Era tan difícil estar con ella, no sabía que hacer para responder sus acciones.
Pensé ayudarla pero no sabía como, pesé dejarla y no supe cuando, se lo pregunté mil veces, las mismas que me dejó.
Sabía casi todo de ella, era como una puerta abierta en espera de alguien, en los pocos ratos que hablaba, dijo que amaba y que la amaron; de igual manera la hirieron como nunca.
“Era invierno, el frío quemaba mi rostro y me dolía haber amado como lo hice, caminé bajo la lluvia hasta caer, hasta… Fue una noche de invierno y no había luna”
…Esto lo repetía continuamente, no sabía que responder ante esa breve, confusa y a veces aburrida historia, no la quería lastimar, sólo callaba.
Una noche de invierno se despidió, dijo que la esperaban a varias calles de aquí, me despedí de ella. Fue breve y apurada, esa noche se fue.
Sólo el silencio la acompañaba, esa noche no había luna que diera luz a sus pasos.
Daniel Ríos
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