Con el destino resuelto, cara a cara el pasado nace, días de eterna gloria se perciben no muy lejos de este lugar, una grieta se abre y jamás cerrará. Tal vez este no era el mundo, tal vez no era el precio a pagar, cada latido anuncia el fin, cada respiración atrasada anuncia la nueva paz.
Con el rostro cansado y sin hablar, con la garganta seca y los brazos quietos, no hay mucho que esperar, voces alrededor, pasos que no tienen meta fija, sollozos constantes, este no era el final apropiado.
Inquebrantable hasta el fin, fuerte como la roca y sensible como el pétalo de una rosa, así permaneces hasta hoy en cada rincón y en cada palabra, tal vez este no era el mundo, tal vez no era el precio a pagar.
Ciento cuarenta y seis latidos hacia el fin, el día prometido se acerca, jamás existió la soledad, en el bien y el mal vivió una sonrisa, el destello de una mirada decía más que simples letras, más que simples expresiones.
Sin poder llorar por tanto dolor, sin voz que apague el ardor de la agonía, sin alma para soportar el amargo final, poco a poco la luz se esconde, poco a poco la mirada pierde color, la esperanza se cuelga y muere a un lado.
Sin decir adiós, sin la despedida que intenta retener, sin lágrimas que derramar ha de perdurar solo la energía que un día daba alegría, solo así el recuerdo no morirá, solo así florecerá una nueva felicidad.
Tal vez este no era el mundo, tal vez no era el precio a pagar…
Con el rostro cansado y sin hablar, con la garganta seca y los brazos quietos, no hay mucho que esperar, voces alrededor, pasos que no tienen meta fija, sollozos constantes, este no era el final apropiado.
Inquebrantable hasta el fin, fuerte como la roca y sensible como el pétalo de una rosa, así permaneces hasta hoy en cada rincón y en cada palabra, tal vez este no era el mundo, tal vez no era el precio a pagar.
Ciento cuarenta y seis latidos hacia el fin, el día prometido se acerca, jamás existió la soledad, en el bien y el mal vivió una sonrisa, el destello de una mirada decía más que simples letras, más que simples expresiones.
Sin poder llorar por tanto dolor, sin voz que apague el ardor de la agonía, sin alma para soportar el amargo final, poco a poco la luz se esconde, poco a poco la mirada pierde color, la esperanza se cuelga y muere a un lado.
Sin decir adiós, sin la despedida que intenta retener, sin lágrimas que derramar ha de perdurar solo la energía que un día daba alegría, solo así el recuerdo no morirá, solo así florecerá una nueva felicidad.
Tal vez este no era el mundo, tal vez no era el precio a pagar…
Daniel Ríos
1 comentario:
Bien, Daniel, sigue adelante leyendo sin descanso y escribiendo sin parar. Lectura y escritura son ejercicios que pulen y forman al escritor.
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